El mundo "al borde del precipicio" Cerrar

Antes de su alocución televisada, Kennedy decide informar a los dirigentes de los principales países aliados (Reino Unido, Francia, Alemania, Canadá), a los que despacha en secreto enviados especiales –acompañados por expertos de la CIA munidos de pruebas fotográficas.

La crisis cubana, esencialmente norteamericano-soviética, tiene también una dimensión europea por la presencia de los Júpiter en Italia y Turquía y por sus repercusiones sobre Berlín y la Alianza atlántica.

El lunes 22 de octubre al mediodía el embajador norteamericano David Bruce pone al tanto de la crisis al Primer Ministro británico Harold McMillan (1894-1966), que se muestra solidario a pesar de su temor ante el peligro de guerra.

Por la tarde, el ex-Secretario de Estado de Truman, Dean Acheson, llega a París e informa al general De Gaulle, que le da su apoyo de inmediato y examina las fotografías bajo la lupa. De Gaulle aprueba la firmeza mostrada por Kennedy, tanto más que está convencido de que la tensión no desembocará en un conflicto.

Por otra parte, la crisis conforta sus dudas sobre la Alianza atlántica y su voluntad de dotar a Francia de una fuerza de disuasión. Por la noche, el embajador norteamericano en Bonn, Walter Dowling, entrega al canciller Konrad Adenauer (1876-1967) una carta de Kennedy y le muestra las imágenes. En Ottawa, Levingston Merchant es el encargado de informar al Primer Ministro canadiense, John G. Diefenbaker.

Por un lado, los media influyen directamente sobre la opinión pública condicionando sus temores o su tranquilidad, por el otro los gobernantes intentan instrumentalizar a los periodistas de una manera u otra. Es así que Dean Rusk recomienda a la prensa americana no hablar de "capitulación soviética" para no alentar la tendencia dura del Kremlin. En Londres y en París la CIA organiza reuniones de información para los principales media.

El corresponsal en Washington de ABC, John Scali (1918-1995), sirve de intermediario entre ambos campos. Scali es invitado a almorzar por el jefe de la agencia local del KGB, Alexandre Fomin, que le pregunta si los EE.UU estarían dispuestos a un intercambio: retiro de los misiles a cambio de la promesa de no invasión de Cuba. Scali transmite la información a su contacto del Departamento de Estado, que le ruega ver nuevamente a Fomin para decirle que los EEUU están preparados para un compromiso y determinados a actuar.

Walter Lippmann, influyente cronista del New York Herald Tribune allegado a los medios gubernamentales, cumple funciones de reconocimiento. Es él quien propone explícitamente desde el 25 de octubre un "acuerdo realizable" fundado en el intercambio entre los misiles de Cuba y los de Turquía.


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